
Hay una edad en la que todavía queda mucho de infancia, de juego y de imaginación.
Una edad en la que aún se inventan historias, se corre sin pensar en el tiempo y una tarde cualquiera puede convertirse en una pequeña aventura. Pero también es ese momento en el que, casi sin darnos cuenta, algo empieza a cambiar.
Los nueve años están justo ahí, en ese lugar tan breve entre la infancia y todo lo que vendrá después.
Por eso nos gusta fotografiarlos. Celebren o no su Primera Comunión. Porque más allá de una ceremonia, lo que queremos guardar es quiénes son en este momento: sus gestos, su forma de mirar, aquello que todavía les hace niños.
Antes de que crezcan un poquito más. Antes de que todo empiece a cambiar.
En nuestro estudio, en vuestra casa, y en esos lugares que siempre volvemos: el mar, las amapolas, los almendros en flor, la lavanda, los campos de trigo... Cada uno tiene su momento y su luz y cada temporada nos permite contar una historia diferente.
Comuniones · Mis 9 es nuestra manera de conservar ese pedacito de infancia.

Buscamos lugares que también tengan algo que contar.
El Palau guarda parte de nuestra historia. Y estas enaguas, otra mucho más íntima: la de unas manos, muchas veces las de las abuelas, que durante horas han tejido, bordado y trabajado cada detalle pensando en ella.
Porque hay cosas que no se compran.
Se hacen despacio, se heredan y terminan formando parte de nuestra memoria.
Por eso nos gusta fotografiar lo que tiene historia, en lugares que también la tienen.














Hay días que se preparan mucho antes de que lleguen.
El vestido, el traje, los pequeños detalles elegidos con tiempo… también forman parte de la historia y de la memoria de ese día.








Durante una sesión buscamos lugares, esperamos la luz, caminamos, jugamos y dejamos que las cosas sucedan.
Son apenas unas horas.
Un pequeño instante en medio de una infancia que pasa casi sin avisar.
Después quedan las fotografías.
Y el tiempo empieza a llenarlas de cosas que aquel día parecían pequeñas: una mirada, una sonrisa, una forma de caminar, el vestido elegido para la ocasión, unas enaguas nacidas lentamente entre las manos de nuestras abuelas, un lugar que algún día nos devolverá a quienes fuimos.
Porque hay fotografías que, con los años, dejan de hablar de aquel día.
Empiezan a hablar de nosotros.
Eso es lo que queremos conservar.
S Í G U E N OS
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